El potencial terapéutico del dióxido de cloro radica en su capacidad de reaccionar según los niveles de pH. Esta molécula se descompone al interactuar con un entorno ácido, separándose del ion cloruro y liberando oxígeno. Durante esta reacción, se transforma en cloruro de sodio (sal común) e incrementa la presencia de oxígeno, el cual, junto con el ion cloruro, destruye por oxidación a los agentes patógenos ácidos, transformándolos en residuos alcalinos.
De manera análoga al funcionamiento de los glóbulos rojos mediante el efecto Bohr, el dióxido de cloro suministra oxígeno a la sangre guiándose por la acidez ambiental, liberándolo allí donde detecta mayor concentración ácida (provocada por el ácido láctico o por los propios gérmenes). De este modo, contribuye a la recuperación del cuerpo frente a diversas dolencias al generar un medio más alcalino y erradicar microorganismos dañinos.
Cabe subrayar que el CDS estimula la capacidad natural del cuerpo para autoregenerarse. Sin embargo, dicha facultad suele verse disminuida por el sedentarismo, una mala dieta, el consumo desmedido de fármacos o drogas, la exposición continua a pantallas y electromagnetismo, así como por la presencia de metales pesados y parásitos. Debido a esto, consumir CDS no basta si no se modifican las rutinas habituales; es fundamental asumir un compromiso activo y responsable con el cuidado integral de nuestra salud. Si esta propuesta conecta con vos y buscás acompañamiento en tu proceso, ¡ponete en contacto!
