
El yodo es un mineral esencial que el cuerpo no puede fabricar por sí mismo. Su función principal es actuar como materia prima fundamental para la tiroides, una glándula con forma de mariposa ubicada en el cuello que absorbe el yodo de la sangre y lo combina con tirosina para producir las hormonas vitales T4 (tiroxina) y T3 (triyodotironina).
Determina la velocidad celular para transformar alimentos en energía, regulando la quema de calorías y el uso del oxígeno.
Esencial durante el embarazo e infancia para la formación adecuada del sistema nervioso central y el desarrollo cognitivo.
Mantiene en óptimo equilibrio el termostato interno del cuerpo frente a los cambios de temperatura.
Colabora directamente en la estructura ósea y en la salud integral de la piel, el cabello y las uñas.
Además de su rol endocrino, el yodo ayuda a contrarrestar y neutralizar los efectos nocivos de las radiaciones cotidianas y los elementos tóxicos ambientales que respiramos continuamente.